
La lista de tareas de nuestro primer día en London es corta pero chunga:
1. Encontrar piso
2. Quedar con I.S., nuestra tutora aquí para conseguir la firma en los papeles de la estancia.
3. Mudarnos a un hotel para pasar el finde
Después de unas cuantas llamadas en las que nos vuelven a rechazar porque sólo alquilan para más de seis meses, se me ocurre cambiar los criterios de búsqueda y eliminar a las agencias. Y, sin mucho más esfuerzo, ahí está, es nuestro piso. Recién colgado, de un particular, piso de dos habitaciones en SW London, dentro del presupuesto. Una llamada y una cita para verlo de ya para ya. Perfecto.
Shaila, medio dormida y aún un poco malita no se lo acababa de creer. Unos trazos a boli en mi libretita para copiar el google maps de cómo llegar (ayy! qué dura es la vida sin iPhone!) y rumbo a nuestra futura casita. Por el camino, Shaila y yo nos vamos autoconvenciendo de lo guay que sería vivir en esa casa. Llegamos a la calle, y nos da un poco de mal rollo. Está un poco destartalada... nos miramos asustadas, y seguimos andando. Buscamos el rótulo "The Cottage" entre los edificios sin encontrarlo, y mientras nos adentrarnos en la calle, empezamos a ver casas "bien", con "jardines bien", mientras seguimos autoconvenciéndonos de que no puede ser mala zona si esa gente con pasta vive ahí. Desandamos el camino y, tras preguntarle a un cartero, la encontramos. La primera casa de la calle. De chiste.
Nuestro casero nos recibe en la puerta. Nos inspira confianza y parece un hombre amable. Sube disculpándose por el estado de la casa, ya que no ha podido comprobarlo. Entramos en la casa: parquet! una cocina enorme, un baño aceptable, dos habitaciones grandes... eso sí hecha un desastre al más puro estilo british, y huele raro... Peor una mirada con Shaila y un "We'd like to rent it!"es suficiente. Tras una rápida negociación cerramos el trato... ¡Y ya está! No hace ni 24 horas que hemos llegado y ya tenemos casa!
Nuestra próxima parada es quedar con I.S. para recoger mis papeles. Nos da para una comida de ejecutivo british antes de ir: zapatos fuera y coca-cola y sandwich en el césped de un parque. Cuando se hace la hora, de camino a su casa pasamos por la entrada de una carrera de caballos. Señoras con pamelas imposibles, floripondios en el pelo y señores con traje llenan las aceras. Llegamos a casa de I. y nos abre la puerta su marido, que nos acompaña hasta el salón. Una casa cuidada hasta el último detalle. Ella baja y, como un torbellino, nos transmite su energía y felicidad. Está encantada de recibirnos, a pesar de que nos dice que sólo ha dormido hora y media. Como la definió Shaila, es la mezcla perfecta entre nuestro director y Letizia Ortiz, siempre amable, siempre perfecta. Me da los papeles y muy amablemente nos despide. Yo quiero ser así cuando sea mayor.
Volvemos a casa de Luis exhaustas. Recogemos nuestras cosas y nos vamos de camino al hotel andando bajo un sol abrasador. Llegamos y morimos. Muertas pero felices, ya tenemos los deberes hechos. Ahora sólo queda disfrutar de un finde apasionante en London.
No hay comentarios:
Publicar un comentario