

Parece que la cosa se empieza a calmar ya, siete días después del aterrizaje. Por fin estoy creando mi propia rutina y empezando a aprovehcar el tiempo, ya que después del infierno de los primeros cuatro días aún tuve que solucionar cosas como comprarme una colcha y una almohada, cubiertos y vasos (he estado casi una semana usando los que guardé del aeropuerto!), mocho, escoba y escobilla del water (increíble que no hubiese en la casa...) y otros enseres que probablemente nunca hubiese pensado que el no tenerlos me harían la vida tan incómoda.
Mis nuevos compis, todos escandinavos, están ayudándome mucho a adaptarme a la nueva ciudad, aunque supongo que no se imaginan lo que es para mi haber venido aquí, ya que todos ellos llevan viajando y viviendo en diferentes ciudades desde los 18 años. Es más, les pregunté que hasta cuándo se quedarían aquí y me contestaron que no planean tan a largo plazo... de momento tienen casa para los próximos dos meses y después ya verán qué hacen. Desde luego, es otra cultura.
Ayer sábado me sacaron de fiesta por la ciudad, pero una fiesta muy cultural que comenzó con una visita al Bristol Design Festival, (del que me quedo con el concurso GrafIkea, que consitía en tunear mesitas de IKEA) y que después se convirtió en un recorrido por los lugares más típicos de la ciudad gracias a otro estudiante nativo que se nos unió (y cuyo nombre no recuerdo) y que nos hizo de guía llevándonos a una sidrería sobre un barco en el río, una cena a base de "traditional pies" y unas cervezas en un auténtico pub inglés.
¡Vaya, ahí también tienes una versión Shaila escandinava!
ResponderEliminar¡Ya lo dije yo en el post en que nos los presentaba!
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